El presupuesto de Colombia para 2027 ha sido una caja llena de sorpresas. La primera llegó en agosto, cuando el Congreso devolvió el proyecto que dejó el ya expresidente Gustavo Petro, algo que no ocurría desde 2003, porque dependía de una reforma tributaria inexistente por 30 billones de pesos. La segunda la dio el presidente Abelardo de la Espriella, que había prometido recortar el Estado, pero presentó una cuenta más gorda, de 635 billones de pesos, un 10% más grande que la de Petro. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, lo llamó el “presupuesto de la verdad”, aduciendo que el Gobierno saliente había ocultado gastos que ellos sí reconocían. La tercera sorpresa la puso la izquierda, con la bancada del petrista Pacto Histórico pidiéndole a un Gobierno de derecha que gastara menos. Pese a todo ello, a cinco días del plazo para que el Congreso lo apruebe, el proyecto avanza sin grandes tropiezos. “El Congreso quedaría mal si rechaza el presupuesto”, resume Gonzalo Araújo, director de Sonar, una firma de asuntos públicos que hace seguimiento al trámite de los proyectos de ley.
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