
Durante los últimos cuatro años, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) se volcó a las calles de Colombia. No para enfrentarse al Ejecutivo, como había hecho durante la mayor parte de las cuatro décadas de historia de la mayor central obrera del país, sino para respaldarlo en movilizaciones que convocaba el presidente Gustavo Petro. Gobernaba un mandatario que veían como propio, uno que marchaba con ellos en defensa de los derechos laborales. La simbiosis fue tan profunda que molestó a un sector minoritario del sindicalismo, que denunció que sus reclamos eran dejados de lado. Ahora, tras el regreso de la izquierda a la oposición, este grupo ha obtenido su revancha: la CUT marca distancia de Petro y abre un canal de diálogo con el Gobierno del ultraderechista Abelardo de la Espriella.

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