El video de Rodrigo Lara recibiendo la llamada telefónica a través de la cual le notificaron que ya no sería más ministro es una vergüenza. No por Lara, quien, a pesar de la forma humillante en que le informan su salida del cargo, se retira con calma del salón del Senado tras recibir tan infausta noticia en lo personal. El despido de Lara con una llamada telefónica, mientras este estaba trabajando, rodeado por los congresistas que vienen a ser sus pares en términos profesionales, es una vergüenza para el Gobierno de Abelardo de la Espriella que, con ese acto, que pareciera de mero trámite, termina por evidenciar de manera incuestionable lo que ya muchos temían: estamos en manos de unos sádicos.
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