Dos meses después del terremoto que sacudió el occidente de Colombia, una pregunta comenzó a ganar fuerza: ¿qué pasó con el dinero donado para los damnificados? Ahora, la Fundación Colombia Luz y Sonrisas, creada por la primera dama Ana Lucía Pineda, entregó su primer informe de cuentas y puso una cifra sobre la mesa: $54.589 millones.
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El documento aparece en medio de cuestionamientos políticos sobre la procedencia, administración y velocidad con la que se están ejecutando las donaciones. Pero el dato que quizá más llama la atención es otro: la mayor parte del dinero sigue disponible mientras avanzan los estudios necesarios para iniciar varias de las obras de reconstrucción.
La Fundación Colombia Luz y Sonrisas informó que, entre el 7 de julio y el 16 de octubre de 2026, recibió, administró o canalizó exactamente $54.589.523.791 provenientes de aportes privados. La organización sostiene que no recibió recursos públicos durante ese periodo.
Entonces, ¿dónde está esa plata y qué se ha hecho hasta ahora
El 81 % de los $54.589 millones tiene un destino específico
El primer dato ayuda a entender por qué los $54.589 millones recaudados tras el terremoto no constituyen una bolsa de dinero que la fundación pueda distribuir libremente.
Según el informe de gestión, el 81 % del total proviene de una sola donación realizada por la familia Gilinski, aporte que tiene una destinación condicionada: deberá utilizarse en la reconstrucción de infraestructura educativa y de salud en Cali.
Esto representaría alrededor de $44.200 millones, mientras el porcentaje restante corresponde a otros aportantes privados.
La propia organización ha explicado que los recursos líquidos no fueron destinados a la primera etapa de ayudas de emergencia, sino que quedaron reservados principalmente para la fase de reconstrucción.
De acuerdo con el reporte divulgado, los gastos administrativos ejecutados hasta el corte del informe ascendían a $11.916.639. La Fundación sostiene que los demás recursos continúan disponibles en entidades financieras vigiladas y sujetos a las condiciones establecidas por los donantes.
En otras palabras, que el dinero todavía esté en las cuentas no significa, de acuerdo con la explicación de la organización, que no tenga destinación. Buena parte está comprometida para proyectos que todavía deben atravesar estudios, diseños, presupuestos y mecanismos fiduciarios antes de convertirse en cemento, paredes y techos.
Seis instituciones de Cali están en el centro del plan
Una parte importante de esta historia se juega en Cali.
La Fundación Colombia Luz y Sonrisas estableció una alianza con la Fundación Solidaridad por Colombia para intervenir seis instituciones afectadas por el terremoto: el Hospital Carlos Holmes Trujillo, el Instituto para Niños Ciegos y Sordos, la IPS Meléndez y los colegios Eustaquio Palacios, Juan Pablo II y Carlos Holguín Mallarino.
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El costo inicialmente estimado de las seis intervenciones es de $61.988 millones, es decir, una cifra incluso superior al total de recursos reportados por Colombia Luz y Sonrisas.
El informe señala que ya fue aprobado un aporte inicial de $6.400 millones a una fiducia administrada por Credicorp. Sin embargo, al corte presentado, las obras en esas seis instituciones todavía no habían comenzado: se encontraban en etapa de diagnósticos, estudios y diseños.
Este punto resulta clave para entender la controversia.
El hecho de anunciar recursos para una obra no significa que el dinero pueda ser desembolsado inmediatamente. En proyectos de infraestructura es necesario determinar primero qué daños existen, qué debe reconstruirse, cuánto cuesta realmente y bajo qué especificaciones técnicas se ejecutará.
La consolidación de esos estudios estaba prevista, según el informe, para el 6 de noviembre de 2026.
¿Quién vigilará el dinero de las obras?
La Fundación también presentó varias capas de control para la etapa de reconstrucción.
Los recursos destinados a las intervenciones en Cali estarán sometidos a una fiducia de Credicorp, seguimiento técnico y financiero de ACI Proyectos y verificación independiente de PwC. También se anunció una plataforma destinada a registrar avances y permitir trazabilidad de los recursos.
La finalidad de estos mecanismos es separar la administración del dinero de la ejecución directa de las obras y dejar registro de los desembolsos realizados.
Sin embargo, esta explicación llega después de semanas de preguntas públicas.
¿Por qué comenzaron los cuestionamientos?
La controversia empezó poco después del terremoto.
La Fundación Colombia Luz y Sonrisas fue inscrita en la Cámara de Comercio de Barranquilla el 7 de julio de 2026, poco más de un mes antes del sismo del 10 de agosto. Su propia página de transparencia informa que fue constituida mediante documento privado del 20 de marzo e inscrita formalmente en julio.
Tras la tragedia se convirtió en uno de los canales de la campaña “Colombia, un solo corazón” para recibir y canalizar donaciones.
El senador Alejandro Ocampo elevó un derecho de petición para preguntar cuánto dinero había ingresado, cuánto se había ejecutado, cuánto permanecía disponible y quién vigilaría los fondos. El propio congresista aclaró entonces que su solicitud buscaba establecer la trazabilidad de los recursos y no constituía una acusación penal.
La diferencia es importante: hasta ahora, la información revisada no demuestra una apropiación ilícita de los recursos por parte de Ana Lucía Pineda.
Lo que existe es un debate público sobre transparencia, tiempos de ejecución y mecanismos de control.
¿La Fundación estaba autorizada para recibir donaciones?
Uno de los cuestionamientos llegó incluso al terreno tributario.
Pero el pasado 13 de octubre, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) aclaró oficialmente que Colombia Luz y Sonrisas tiene su Registro Único Tributario vigente y hace parte del Régimen Tributario Especial.
La DIAN también precisó que las entidades sin ánimo de lucro legalmente constituidas pueden recibir donaciones para desarrollar su objeto social y desmintió versiones según las cuales la organización no tendría reconocimiento tributario.
Este pronunciamiento resolvió la discusión sobre su situación ante la autoridad tributaria, aunque no eliminó las preguntas políticas sobre la ejecución de los recursos.
Más de 5.600 toneladas de ayuda y atención psicológica
Antes de entrar en la reconstrucción, la Fundación asegura que desarrolló una primera etapa denominada “Salvaguardar vidas”.
Su balance reporta 5.652,2 toneladas de ayuda humanitaria, atención a más de 48.000 personas en 80 municipios, la participación de más de 1.250 voluntarios, más de 30 centros de acopio, más de 100 empresas y 24 compañías relacionadas con transporte y logística.
También puso en marcha Un Corazón Contigo, una estrategia de acompañamiento psicológico que, según la organización, ha vinculado a unos 600 profesionales voluntarios y superado las 4.500 consultas virtuales.
Las casas que también hacen parte de la reconstrucción
El plan no termina en Cali.
En materia de vivienda, el balance contempla 35 casas nuevas y dos mejoramientos mediante alianzas con distintas organizaciones.
Uno de los proyectos más grandes es Urbanización Tierra Nueva, en Quibdó, que contempla 27 viviendas para familias damnificadas y comenzó su desarrollo el 21 de septiembre con la Corporación Organización El Minuto de Dios.
La primera dama explicó, al referirse a estos proyectos, que “ese dinero va para construcción de casas”, y señaló que la selección busca priorizar familias que perdieron sus viviendas y cuyos terrenos puedan ser utilizados nuevamente de forma segura.
Entonces, ¿qué pasó con los $54.589 millones?
La respuesta, de acuerdo con el primer informe de gestión, es menos simple que decir que fueron gastados o que permanecen inmóviles.
La mayor parte de los recursos sigue disponible y tiene destinaciones establecidas, especialmente la reconstrucción de colegios y centros de salud en Cali. Una porción inicial ya fue aprobada para ingresar a la estructura fiduciaria, mientras los proyectos continúan en etapas técnicas previas a las obras.
Los $11,9 millones reportados como gastos administrativos ejecutados representan hasta ahora una fracción mínima frente al dinero recaudado.
Pero el verdadero examen apenas comienza.
Cuando terminen estudios y diseños, comiencen los desembolsos y aparezcan las primeras obras, será posible comprobar si los sistemas de fiducia, interventoría y verificación anunciados funcionan como fueron presentados.
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Después de una tragedia de esta magnitud, la solidaridad llenó cuentas, centros de acopio y camiones. Ahora viene la fase más difícil: convertir las donaciones en colegios, hospitales y casas, y demostrar, peso por peso, dónde terminó el dinero.
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